Cuando recién entré a la universidad y supe -un poco tarde- que la identidad de Sócrates en los Diálogos de Platón era tema de múltiples debates, no podía entender por qué Platón escribiría semejantes cosas para firmarlas con otro nombre, inmortalizando el de alguien que no era él. Claro, de inmediato mi maestra me recordó a Pessoa, quien utilizaba muchos distintos seudónimos, y entonces dije "pues si, pero se sabía que Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Bernardo Soares eran todos Pessoa, y más de 2, 500 años después nadie sabe bien a bien si Sócrates era en realidad un alter ego de Platón".
Hoy, una vez más, me topé con la nota sobre la escritora estadounidense Laura Albert quien "estafó" al establishment de las letras americanas por casi diez años, firmando con el nombre JT Leroy (quien era representado por la cuñada de Albert), un tipo andrógino quien supuestamente había sido abusado sexualmente cuando niño, además de tener sida, argumento que utilizaba para conmover a los editores quienes, ingenuos, le dieron "una oportunidad". Leroy sólo aceptaba entrevistas por teléfono o e-mail, y cuando se veía con su editor siempre se escondía detrás de unos lentes y una peluca. Tal fue el éxito de Leroy que se hicieron películas, una o dos, no se, de sus obras. Laura Albert dijo que JT Leroy era su bomba de oxígeno y que si se lo quitan, se muere. Ahora tienen que pagar una multota a la productora por daños y "fraude".
Para mi la idea de tener un seudónimo siempre ha resultado muy atractiva, pero no creo que mi ego fuera tan permisivo como para tolerar que "el otro" se llevara todo el crédito. No estoy tan segura, pero suena divertido.
